Frases de la Semana

viernes, 20 de noviembre de 2015

Mamá gaviota

Hace mucho tiempo, en una playa castigada por olas gigantescas, había una gaviota desesperada. Acababa de poner sus huevos en la arena y el mar se los había arrebatado. Mamá gaviota se lanzó al mar para recuperarlos y se sumergió en él una y otra vez, pero sus intentos fueron en vano, con el corazón roto, imploró al mar "Devuélveme a mis hijos, por favor" Pero el mar no le contestó.

Cansada de suplicar, el ave lanzó este desafío: "Si me arrebatas a mis hijos, te secaré. Con mi pico te iré sacando agua sin importarme cuanto tarde". Día y noche hasta casi desfallecer persistió en su irrealizable misión. Su trágica historia conmovió el corazón de las gaviotas del lugar que, poco a poco, se fueron juntando para ayudarla hasta que formaron una enorme bandada, que iba del mar a la orilla en un frenesí sin fin.

La Gran Gaviota, que estaba observándolo todo desde lo más alto del cielo decidió bajar para averiguar qué sucedía. En cuanto se enteró de la historia de mamá gaviota y sus hijitos perdidos, les dijo a todas "Dejad que hable con mi amigo el dios del océano y él devolverá los huevos" y así fue. Pero desde entonces las gaviotas aprendieron una gran lección: luchando unidos podemos lograr cosas que solos jamás conseguiremos. 




jueves, 19 de noviembre de 2015

Chicken pizza (sin harina)

Ingredientes:

300g de pollo picado
2 huevos

condimento a gusto
salsa de tomate


Se mezcla el pollo bien picadito con el huevo y se condimenta a gusto (orégano, pimienta, sal). En una asadera enmantecada se vierte el contenido y por encima se pinta con salsa de tomate. Se lleva al horno a 180°, precalentado por 15´. Cocinar de igual manera que una pizza de harina. Una vez cocida la masa de pollo, le añades más salsa de tomate, o tomate en rodajas, muzzarella, albahaca o le que te guste!!!



jueves, 12 de noviembre de 2015

La ventana

Había una vez dos hombres muy enfermos que compartían habitación en un hospital. Aunque era muy pequeña tenía una ventana. Al paciente que estaba junto a ella, le dejaban sentarse cada una hora, en la que describía a su compañero, que sólo podía estar boca arriba, lo que veía. Según contaba, la ventana daba a un parque en el que había un lago, un bosque y, detrás de los árboles, la ciudad. El hombre acostado escuchaba todas las explicaciones y disfrutaba de cada minuto como si él mismo pudiera verlo.
 
Una de esas tardes, pensó que por que el hombre de la ventana podía disfrutar de ver lo que pasaba fuera. Porque no puedo ser yo?, se preguntó. Y una noche, mientras él permanecía despierto mirando el techo, su compañero se despertó con tos y ahogos y trato desesperadamente de llamar a la enfermera. Él no hizo nada. A la mañana siguiente, la enfermera encanto al hombre muerto. Cuando se llevaban el cadaver, el hombre enfermo pregunto si podían cambiarlo de habitación. Cuando lo trasladaron,  pidió ver por la ventana y vio que enfrente solo había una pared.

El hombre se sintió destrozado y entendió que muchas veces hacemos daño, o no ayudamos, sin motivo, a aquellos que más se esfuerzan por hacernos la vida mas agradable.

viernes, 30 de octubre de 2015

Galletas de avena sin harina

Muy fácil:

Ingredientes:

1 taza de avena
2 bananas

Se pisan las dos bananas y se agrega la taza de avena, logrando una masa espesa. En una asadera colocar papel manteca y sobre el papel colocar las galletas con la forma que deseas (o puedes pasar un poquito de manteca a la asadera si te falta el papel). Se lleva al horno a 180°, precalentado por 15´. Luego dejar enfriar y secar.

NOTA 1: Puedes hacer lo mismo cambiando la banana por 1 manzana o 3 cucharadas de mermelada.
Nota 2: Puedes agregar 2 cucharaditas de miel y un chorro de vainilla para darle un gusto más rico aún.




miércoles, 14 de octubre de 2015

Lo que para algunos es una Derrota para otros es una Bendición

La historia de un campanero.

Según cuenta la leyenda, en un pueblo de Brasil, vivía un hombre humilde y sin ninguna formación que trabajaba en una Iglesia tocando las campanas. Un día llegó una orden del obispado, diciendo que todos los empleados de las parroquias tenían que tener estudios primarios.

Para el campanero, demasiado mayor para ponerse a estudiar, esa orden significó quedarse sin empleo. Sin nada que hacer y muy angustiado, se fue a la plaza a ver si podía despejarse, en ese momento se le antojó beber algo y no tenía dinero. Al ver a unos conocidos de la parroquia les preguntó si le podían suministrar algo, pero éstos tampoco tenían, aunque uno le dijo ... tú tienes tiempo libre, si vas a comprar a la ciudad de al lado, te daré una comisión.

El ex-campanero aceptó con gusto y comenzó a realizar esta tarea regularmente. Como detectó que faltaban otras cosas en el pueblo, decidió montar una tienda. El negocio prosperó y un día necesitó abrir una cuenta bancaria. Pero cuando fue a firmar los papeles el hombre confesó que era analfabeto. El gerente del banco quedó asombrado y le dijo ¿Ha logrado todo esto siendo analfabeto? A lo que el hombre respondió, lo he conseguido con esfuerzo y dedicación. En ese momento el banquero le responde ¡Imagínese dónde estaría si hubiese estudiado! El hombre ya muy viejo, sonrió, pensando que lo que para muchos habría sido una derrota, para él fue una bendición y respondió. Me lo imagino muy bien, todavía estaría dando las campanadas de la Iglesia.

martes, 29 de septiembre de 2015

La perla y la ostra

Un maestro le explicaba a su alumno más aplicado cuál es el origen de las perlas: «Son uno de los objetos más bellos de la naturaleza pero, paradójicamente, son fruto del dolor, de la herida causada en su interior por la entrada de una sustancia extraña. Sólo hace falta que un diminuto grano de arena se introduzca en la concha para que las células del nácar que las recubre por dentro comiencen a hacer su lento trabajo cubriendo, capa tras capa, el cuerpo invasor para proteger la parte indefensa de la ostra. El resultado de esa “herida cicatrizada” será la perla». 
«A los humanos nos sucede algo muy parecido–continuó el profesor ante la cara de extrañeza de su alumno–. Hay gente que puede decirnos palabras ofensivas. En otras ocasiones, nos acusarán de haber dicho cosas que jamás salieron de nuestra boca. Incluso podemos ser objeto de otra forma de rechazo, la indiferencia. Todo eso son heridas que nos producirán mucho dolor». «¿Y qué debemos hacer nosotros para protegernos?», le preguntó el muchacho. A lo que el sabio maestro respondió:«Lo que debes hacer es fabricar tu propia perla. Cubriendo cada una de tus heridas de amor, perdonando y comprendiendo, transformarás ese dolor en algo muy valioso». 

lunes, 28 de septiembre de 2015